Posteado por: jbb | noviembre 10, 2010

Cosechando agua de la niebla

Adaptado de Out of the mist, Gaia Vince, Science 5 November 2010:
Vol. 330. no. 6005, pp. 750 – 751. Gaia Vince escribe sobre temas ambientalistas y del mundo en desarrollo en wanderinggaia.com

Comunidades peruanas apuestan a que algún día saciarán su sed gracias a un bosque de niebla

LIMA—En una duna de arena a las afueras de esta ciudad, los habitantes de un barrio pobre están tratando de crear un bosque. La costa peruana es una de las regiones mas áridas del planeta – Lima apenas recibe 15 milímetros de agua al año. Pero la idea de crear un bosque no es tan descabellada, ya que éstas colinas estaban arboladas antes de que llegaran los europeos.

Javier Torres Luna tiene la esperanza de reforestar las dunas sobre las que está construida su casa y darle una solución a largo plazo a un problema urgente: en su comunidad no hay agua para servicios sanitarios, beber o lavarse. Ciertamente no hay agua para regar árboles.

Pero la solución está literalmente en el aire.

No es que no haya agua en Lima; lo que no hay es lluvia. Entre mayo y noviembre la helada corriente de Humboldt enfría la capa de aire húmedo que viene del Océano Pacífico, impidiendo que llueva a lo largo de la costa. Se crea una capa de inversión térmica que atrapa las emisiones de la ciudad y la niebla que viene del océano.

Desde hace un par de años, Luna y sus vecinos han estado levantando unas redes de 4 metros de altura en lo alto de las dunas, para cosechar el agua que tiene el aire húmedo. Usan el agua para irrigar retoños de árboles, que en 4 años podrán capturar el líquido por sí solos, creando un microclima hidrológico autosustentable.

Redes para la neblina. Estas grandes redes plásticas ubicadas en la parte alta de las colinas, atrapan la humedad de la niebla marina para darle agua a Lima, donde rara vez llueve.

Para enfrentar la cada vez más aguda crisis de agua, Luna y otros peruanos la cosechan de la niebla y pintan montañas. Perú está perdiendo sus principales fuentes de agua, los glaciares andinos, y el gobierno lucha por encontrar soluciones, particularmente para la ciudad de Lima. Elizabeth Silvestre, directora científica del Servicio Meteorológico e Hidrológico Nacional en Lima, afirma que “las redes de niebla son una idea extremadamente útil” y que “van a tener que usar, cada vez más, técnicas adaptivas como ésta, dado que la escasez de agua es un tema cada vez más apremiante”.

Medidas desesperadas. Campesinos peruanos pintando la ladera de una montaña a una altura de 4500 metros, con la intención de conservarla fría. Planean que el agua se congele al irse escurriendo por la ladera blanqueada, para así reconstruir el glaciar. Ya están observando formación de hielo, pero el proyecto ha sido recibido con gran escepticismo.

Una ciudad sedienta

Después de El Cairo, Lima es la ciudad más grande situada en el desierto. Su suministro de agua y electricidad depende íntegramente del Río Rímac, que tiene fuertes variaciones estacionales y frecuentemente es afectado por sequías. Hace 40 años, el 90% del agua del Rímac venía de un glaciar. Las dos terceras partes del glaciar han desaparecido. La poca agua que le queda al río es de lluvias y está muy contaminada.

El cambio climático condena a los glaciares a ser cada día más pequeños. Al aumentar la temperatura se derrite el hielo y en vez de nieve cae lluvia que corre hacia abajo. El área que cubren los glaciares peruanos se redujo de 2000 a 1500 kilómetros cuadrados en solo 30 años. Esto representa cerca de 7 mil millones de metros cúbicos de agua, suficientes para abastecer Lima durante 10 años. Para colmo, también desaparecen los lagos que hay en la base de los glaciares, de los que dependen miles de campesinos.

Más del 80% de los peruanos vive en la franja costera desértica. Más de la mitad, 9 millones, tiene su hogar en Lima. Esta migración aumenta la presión sobre los recursos acuíferos de la ciudad.

Buena parte del problema es la ineficiencia de la agencia estatal encargada del abastecimiento de agua, que pierde 40% del líquido por robo o fugas. El agua llega a faltar hasta en las barrios ricos de Lima.

Pero el problema es terrible en los 1800 tugurios que albergan a 2 millones de personas. Pueden pasar varias décadas antes de que se conecten a la red de abastecimiento. Mientras tanto, contratan pipas privadas que cuestan 10 veces lo que el agua que entrega la ciudad, según dice Abel Cruz, presidente de la asociación Peruanos Sin Agua. No hay control sobre estas pipas, que “entregan agua barata y contaminada que nos enferma”. La disentería tiene una incidencia muy alta en los tugurios.

Agua del aire

Luna y sus vecinos se hartaron de esperar ayuda de la ciudad. La recibieron de una organización altruista alemana, Alimón, que les ayudó a construir reservorios, tanques de depósito y redes colectoras de humedad. El agua se condensa cuando la niebla se topa con estas redes. Durante la temporada soleada pueden pasar semanas sin que se condense una sola gota. Pero la neblina es espesa entre mayo y noviembre, cuando han llegado a capturar 590 litros de agua en un día.

Reforestación urbana. Los residentes de este barrio popular tienen la esperanza de reforestar la colina que está sobre sus casas usando el agua que trae la neblina.

El agua baja por gravedad a los tanques de almacenamiento, después de haber irrigado los retoños. Es suficiente para el vivero, pero no para las necesidades diarias de la población, ya que solo da de 10 a 15 litros por persona. Llegará con mayor abundancia cuando vuelva a crecer el bosque de niebla.

No es nueva la idea de cosechar la niebla. Todas las culturas han explotado la capacidad de los árboles para condensar y capturar el agua que trae la niebla. Por ejemplo, los primeros pobladores de las islas Canarias construían embudos en la base de los árboles.

Kai Tiedemann, biólogo que trabaja para Alimón, pasó una década midiendo la capacidad que tienen los árboles para capturar niebla. Encontró que los mejores colectores son árboles con hojas afiladas que cuelgan verticalmente.

Los secoyas californianos están muy bien adaptados para cosechar agua de niebla. Crean una barrera física que intercepta la niebla y condensa la humedad, generando un ciclo hidrológico local con el que satisfacen la mayor parte de sus requerimientos de agua, así como los de los pastos y arbustos que están a sus pies. El agua sobrante va al subsuelo, para llenar pozos y riachuelos que la gente puede usar.

Carlos Darwin ayudó a que la desértica isla Ascensión fuera habitable, forestando una colina con retoños traídos de los jardines botánicos de Londres. Al cabo de 20 años había agua suficiente para producir alimento para cientos de soldados. Esta experiencia demuestra que es posible crear un ecosistema hidrológicamente sustentable en un par de décadas, algo que a la naturaleza puede tomarle millones de años.

Tiedemann y Anne Lummerich decidieron probar esta experiencia en los arenales de Lima. Seleccionaron una especie nativa, tara o  Caesalpinia spinosa, por su gran capacidad para cosechar agua de niebla y por su valor comercial, ya que del fruto de la tara produce un ácido que se usa en llantas, pieles y medicinas.

Hay otras organizaciones interesadas en cosechar niebla.  Por ejemplo FogQuest (ver www.fogquest.org/), una organización altruista canadiense que ha instalado sus redes colectoras en Chile, Namibia, Omán y Guatemala, entre otros sitios. Estas organizaciones se han reunido en varias ocasiones (ver www.fogconference.org/). En Julio de 2010 celebraron su quinto congreso para intercambiar información, discutir experiencias y confrontar nuevos diseños de redes colectoras de agua de niebla.

La cosecha de agua de niebla es apenas suficiente para que pequeñas comunidades tengan para beber, lavar y regar algunas plantas. El consumo de agua se dispara de 45 a cientos de litros diarios por persona, cuando las comunidades crecen, se diversifican y vuelven mas sofisticadas. Es claro que la cosecha de agua de niebla no es la tecnología que vaya a resolver por si sola los problemas de agua de Lima.

Mas aun, no en todos los sitios hay neblina, ni hay neblina a todas horas y no en todos los sitios son adecuadas las condiciones para que funcionen las redes. Para que operen a máxima eficiencia, en la costa de Chile y Perú tienen que atajar el viento en sitios que están de 5 a 10 kilómetros de la costa y 500 a 700 metros de altura.

El cambio climático introduce incertidumbres adicionales. La neblina es mayor cuando a las costas de Perú llega el fenómeno de calentamiento oceánico conocido como El Niño. Se espera que El Niño se intensifique con el calentamiento global, pero no se ha podido establecer con certeza si aumentará o no la cosecha de agua de neblina. Por lo pronto se espera que empeore, ya que las gotas de la niebla son más pequeñas y difíciles de capturar cuando el aire es caliente. Más aun, el aire húmedo puede pasar por encima de las redes si es demasiado caliente.

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Responses

  1. Felicidade por tan buen trabajo de investigación que nos pone a todos a pensar en el grave problema del cambio climático en nuestro planeta.investiga si no hay otro lugar en nuestro sistema solar al que podamos refugiarnos.hay que crear conciencia en toda la población . Te vuelvo a felicitar y edita un libro con toda esa información, yo la voy a mandar a todos mis contactos. Con cariño inmenso.mmbb.


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